Producción audiovisual

Mujeres de Altura

Vida y obra de mujeres oriundas de la provincia de Guanacaste, Costa Rica, quienes trabajaron en las haciendas ganaderas, fincas y fondas de los cantones de Bagaces, Liberia y La Cruz, contada por ellas mismas.

Cómo se hizo Mujeres de Altura

En el año 2017 gané una Beca Taller de la Dirección de Cultura del MCJ para producir un pequeño audiovisual sobre la vida y obra de tres mujeres guanacastecas que trabajaron en las haciendas de los cantones de altura (Bagaces, Liberia y La Cruz) durante la primera mitad del siglo XX. El objetivo consistía en exponer el contexto social de la época desde su perspectiva como mujeres, en una provincia que tiene como icono tradicional al sabanero, el equivalente al cowboy norteamericano. Entonces reuní un equipo de producción audiovisual para ejecutar el proyecto.

Originalmente concebido como un libro, el documental se extendió más allá de los 15 minutos originales entregados en 2017, abarcando el año 2018, para un total de 45 minutos. Esto se debió a la gran cantidad de información recopilada, no solo testimonial sino también contextual, cuyo valor consideramos muy alto como para omitirla. En consecuencia, el proceso de posproducción tuvo un largo recorrido. Aún así, quedó mucho material por fuera, tanto como para llegar hasta los 90 minutos, pero lamentablemente ya no contábamos con más recursos.

Entrevista a doña Rita Duarte en Liberia junto con el director de fotografía, Daniel Quirós

Durante la primera fase, nos dimos a la tarea de identificar a estas mujeres en base a un perfil antropológico delimitado al contexto de las haciendas. No obstante, también nos dimos cuenta que al abarcar solamente este espacio estábamos perdiendo otros grandes contextos económicos de la región en los cuales también se desempeñaban, tales como las fincas familiares y las fondas. Por esta razón ampliamos el área de investigación y aumentamos de tres a cinco el número de entrevistadas, con ayuda de los grupos de adultos mayores locales: Ramona Ordóñez y Flor Sandoval (Bagaces), Rita Duarte (Liberia), Rosa Espinoza y Mercedes Morales (La Cruz). También incluimos participaciones de algunos de sus amigos, quienes enriquecieron las entrevistas con testimonios y canciones, como Teresita Potosme y José Antonio Sevilla, oriundos de La Cruz. Finalmente, escogimos a la folclorista bagaceña Marielos Jiménez para la conducción argumental.

La siguiente fase de producción fue tan productiva como agotadora. No solo se recopilaron las entrevistas —con preguntas diseñadas para que ellas mismas se extendieran en los temas, dándoles la voz para evitar sesgos ideológicos— , sino además mucha información contextual de la zona, incluyendo arquitectura, paisajes y gentes, pero principalmente, valiosas tomas de las casonas poco conocidas de las haciendas La Pacífica, Las Delicias y Las Ánimas, además de Santa Rosa.

Entrevista a doña Rosa Espinoza en La Cruz

Con esta información, procedimos a analizar la narrativa de las entrevistas, con el fin de encontrar los principales temas comunes que nos dieran un hilo conductor, ya que los hallazgos distaban mucho de nuestra perspectiva del guion original. Estos fueron muy numerosos, debido no sólo a la gran cantidad de cosas que nos contaron durante el tiempo de grabación, sino a su increíble memoria que siempre evocaba recuerdos más lejanos, toda una lección sobre las cosas que no sabemos por no preguntarlas. Aún sintetizando estos temas tratados, quedaron en 15: biografía personal, contexto social de los pueblos, gastronomía local, labores cotidianas de las mujeres en las comunidades, relaciones familiares de la época, jerarquía productiva en las haciendas, trabajo de las mujeres en las haciendas, relaciones entre empleados y dueños de las haciendas, tipos de relaciones con los hombres de la época, vida social, amores, leyendas e historias antiguas, hierbas medicinales, la invasión del 55 en La Cruz, juicios de valor como mujeres de su época.

Lamentablemente algunos de estos grandes temas quedaron minimizados o excluidos por razones de espacio, como el contexto social específico de cada comunidad, recetas y gastronomía local, leyendas, historias de infancia y hierbas medicinales, esperando a ser editados en el futuro o que despierten el interés de algún investigador.

El equipo de producción en la casona La Pacífica

Debido a la variedad temática y al poco espacio de metraje que podíamos utilizar, a cada tema se le asignó un color en el editor de video. Posteriormente los clips de las entrevistas fueron divididos, etiquetados con un código único y resumidos en fichas.

Entrevistas divididas por colores temáticos

A continuación, la información de los extractos de las entrevistas se introdujeron en un software de árboles mentales en el cual se agruparon por color y afinidad, discriminando duplicaciones narrativas, hasta elaborar el guion. Este no es el procedimiento seguido en el mundo audiovisual, pero funcionó. Así nacía Mujeres de Altura.

Parte del árbol mental con los extractos de las entrevistas agrupados por color temático, descripción y código único

Finalmente inició una larga posproducción, con tropiezos financieros, falta de apoyo técnico, autoformación en edición —porque no es mi área, sino la editorial—, con largos procesos de corrección de color y sonido. Pero todo ello junto a la solidaridad de varios amigos y familiares que aportaron desde comentarios privados sobre versiones preliminares, hasta canciones, consultorías en edición y transporte de equipos.

De esta forma, con el apoyo de los becarios María José Obando y César Mairena, la Oficina de Gestión Cultural de la DC en Guanacaste, las municipalidades de La Cruz y Bagaces, el Museo de Guanacaste, la Universidad de Costa Rica y la Asociación de Desarrollo Específica de Cultura Popular de Playas del Coco, fueron posibles las presentaciones oficiales del documental en La Cruz, el 8 de diciembre de 2018; en Liberia, el 2 de febrero de 2019; y en Bagaces y El Coco, el 8 y 16 de febrero respectivamente.

Estreno de Mujeres de Altura el 2 de febrero de 2019 en el Museo de Guanacaste

Adicionalmente, el documental fue presentado en el Centro Cívico de Santa Cruz y fue transmitido por Canal 13. Paralelamente, varias organizaciones culturales y mostraron han realizado pequeñas presentaciones paralelas, como la Compañía Añoranza Santaroseña.

Las claves de Mujeres de Altura

Ahora, como director, guionista y editor, escribo estas últimas líneas sobre mis hallazgos en el documental, que serán distintos en cada persona, pero creo que mis percepciones pueden servir como clave para entender algunas situaciones o testimonios que han desorientado a parte del público:

  1. Contrario a la creencia popular, las grandes haciendas ganaderas no representaron un motor económico significativo para las comunidades, al menos en la época estudiada. En promedio, las cocineras eran generalmente dos, los peones podían llegar a una veintenena, y los sabaneros, peores especializados en el ganado, a unos seis. Además, muchos eran traídos de Nicaragua.
  2. La principal economía de los pueblos era familiar, de subsistencia, con pequeñas actividades comerciales vinculadas, ya que había bastante tierra como para poseer grandes fincas, pero no suficientes recursos para ponerla a producir a gran escala. Paralelamente, quienes sí podían tener cultivos extensivos requerían mano de obra durante algunas temporadas para la cosecha de arroz u otras siembras, labor que desempeñaban hombres y mujeres.
  3. Debido a la escasez de recursos y mano de obra, sumado a la extensión de los terrenos, tanto las mujeres como hombres debían dedicar gran parte de su día al trabajo de campo. Esto parece reflejarse en la actitud de las entrevistadas, quienes valoran positivamente no el trabajo en sí, sino su capacidad para hacerle frente a cualquier trabajo independientemente de contar con una pareja.
  4. Las relaciones entre las cocineras, los peones y los dueños de las haciendas fueron de un marcado respeto, en beneficio de la armonía general. Debido a que las haciendas no eran grandes generadoras de empleo, las cocineras siempre tenían la opción de regresar a sus pueblos a buscar vida. Para un empleador no era factible poner fácilmente en riesgo la rutina de su hacienda, cuya alimentación dependía de una o dos personas, por lo cual sus directrices iban en ese sentido. En sus testimonios, ellas suelen manifestar que se sentían cómodas en sus puestos, aunque la paga no fuera extraordinaria.
  5. Las entrevistadas también manifiestan que las relaciones familiares de sus pueblos fueron siempre buenas, sanas, «sin violaciones ni asesinatos de mujeres». Esto no debe resultar extraño a pesar del machismo imperante en la provincia. Pasa lo mismo cuando visitamos una comunidad rural agrícola con poca densidad de población, la gente percibe el lugar de la misma forma. Menos conflictos, menos probabilidades estadísticas.
  6. Eso no significa que no existieran episodios de violencia hacia las mujeres. Una de las entrevistadas narra que su abuelita era prácticamente prisionera en su finca por su abuelo, quien la golpeaba constantemente, cosa que no puede ser percibida tan fácilmente en un pueblo. Aún así, ella le enseñó a su nieta varias canciones contra los hombres, advirtiéndoles, de algún modo. Estas canciones quedaron registradas durante la producción, pero no forman parte del documental.
  7. Además se documentó un feminicidio en una hacienda. Un peón quería violar a una cocinera en la hacienda Orosí, para lo cual la acorraló, la mató con un machete, la violó y le dejó un hijo recién nacido mamando sobre el cuerpo decapitado. Fue un hecho atroz, sin duda alguna, pero sus detalles han ido tomando elementos literarios tanto para ilustrar su gravedad como su condena. Más de sesenta años después, la comunidad de La Cruz lo recuerda como un hecho extraordinario y unánimemente repudiable, porque no era la norma. Debido a que este episodio se narra antes que las entrevistadas valoren positivamente su vida como mujeres en los pueblos, algunas personas podrían percibir una contradicción, pero es perfectamente coherente.
  8. Finalmente, valorando su condición de mujeres en un contexto y una época determinada, ejerciendo un conjunto de roles laborales y familiares, las entrevistadas se auto percibieron como personas valientes, trabajadoras, que se hacían respetar por sí mismas. Solo una de ellas mostró algún atisbo de victimización, pero sin resentimiento. Me parece que un estudio antropológico de estas virtudes, con nuevas entrevistadas, sería muy útil para los desafíos que enfrentan las mujeres guanacastecas de esta época, pero esto ya escapa a mi capacidad.

Créditos

Protagonizado por: Ramona Ordóñez, Flor Sandoval, Rita Duarte, Rosa Espinoza y Mercedes Morales · Invitados: Teresita Potosme y José Antonio Sevilla · Conducción argumental: Marielos Jiménez · Una producción de: Círculo y Punto Ediciones con el apoyo del Fondo Becas Taller de la Dirección de Cultura del MCJ · Producido por Adriana Méndez y Ruth Núñez · Dirección de fotografía: Daniel Quirós · Cámara y Sonido: Daniel Quirós e Ignacio Luchia · Música: Lucho Bermúdez y Christian Porras · Dirección, Guion y Edición: Soren Vargas

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